El diablo sobre ruedas El diablo sobre ruedas
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ASOCIACIÓN DE CINE VÉRTIGO



Ciclo de cine





Pánico en las ondas



(La edad de oro del telefilme)



Ciclo de diciembre 2021 – enero 2022 


 


ENERO 2022


 



Lunes 3



El diablo sobre ruedas (TV)



Dir. Steven Spielberg (EE.UU., 1971, 90 min.)



 



Lunes 10



La casa de cristal (TV)



Dir. Tom Gries (EE. UU., 1972, 90 min.)



 



Lunes 17



Trilogía del terror (Los enigmas de Karen) (TV)



Dir. Dan Curtis (EE. UU., 1975, 72 min.)



 



Lunes 24



Alguien me está espiando (TV)



Dir. John Carpenter (EE. UU., 1978, 97 min.)



 


 


Lunes, 3 enero 2022


El diablo sobre ruedas (TV)


Duel


EE. UU., 1971, color. 90 minutos.


Dirección: Steven Spielberg.


Guion: Richard Matheson. Historia: Richard Matheson.


Intérpretes: Dennis Weaver, Cary Loftin, Jacqueline Scott, Tim Herbert, Lou Frizzell, Eddie Firestone, Lucille Benson, Gene Dynarski.


Sinopsis: Viajando por el desierto para acudir a una cita con un cliente, un empresario californiano adelanta a un lento y viejo camión cisterna. El diabólico camionero se siente ofendido e inicia una angustiosa e irracional persecución.


 


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Pánico en las ondas


A comienzos de los años 60 del pasado siglo, las cadenas televisivas estadounidenses comenzaron a contemplar las ventajas de la producción de títulos concebidos para su estreno en las pequeñas pantallas (que se habían convertido en el epicentro familiar de los hogares). Además de resultar más económica que la adquisición de filmes atractivos de los catálogos de las productoras hollywoodienses, esa estrategia brindaba la ventaja adicional de poder distribuirlos (en los mercados doméstico y foráneo) para su exhibición paralela en salas cinematográficas. Si bien durante las décadas precedentes se habían producido especiales, pilotos o episodios de antologías, el ámbito de la ficción catódica venía dominado por las producciones dramáticas emitidas en vivo, las series y por una miríada de cine de serie B. El momento coincidía también con los cambios en la propia industria cinematográfica, que progresivamente había pasado de considerar a la televisión como un enemigo a su asunción como mercado emergente.


 


La demanda de novedades con las que rellenar las programaciones abrió la puerta a una serie de encargos (la primera TV movie suele datarse en 1964) agrupados bajo etiquetas como Project 120 o World Premiere y que alcanzarían cifras de audiencia insospechadamente altas para las propias cadenas, y dispararía la producción de títulos en la década siguiente de forma casi exponencial. Esos inicios vendrían de la mano de hábiles productores como Aaron Spelling, que sabían perfectamente cómo cabalgar sobre la ola de cambio que estaba teniendo lugar en el medio. Títulos baratos y rodajes exprés que combinaban el talento de viejas glorias necesitadas de oportunidades laborales y jóvenes promesas, y que permitían dar sus últimos coletazos a muchos directores de estudio acostumbrados a los parámetros restrictivos del bajo presupuesto o habilitaban los experimentos formales de una nueva generación de directores que eclosionaría en los años siguientes (paralelamente al nuevo cine).


 


La producción televisiva pronto se convirtió en un fiel reflejo de la transición de los "felices" años 60 hacia los paranoicos y violentos 70s, coincidiendo con el fin de la utopía hippy. Apostando claramente, además, por los géneros populares y oscilando entre la filosofía Warner de mirarse en los titulares de prensa y las políticas de producción de los estudios pequeños, que solían sumarse entusiastamente a las sucesivas corrientes de moda (lo que los italianos, maestros del modelo, denominan, en feliz expresión, filone). Oleadas de títulos a rebufo de un gran éxito o un proyecto muy publicitado, que en el curso de apenas unos pocos años (casi siempre apenas un lustro) exprimen cada modelo, y que acabarían casi matando al propio formato, que en los años 80 derivaría hacia la “enfermedad de la semana”.


 


En el ámbito del cine y la telefilia, somos lo que vemos (o, aún más, somos lo que vimos). Han sido necesarios muchos años de miopía crítica y cierta superioridad intelectual para situar a esos telefilmes (coyunturales, oportunistas y populistas sí, pero no más que sus homólogos cinematográficos) en su justo lugar como precisa encarnación del zeitgeist, el clima intelectual y cultural de su época. Un reflejo sociológico (magnificado, pero no por ello menos preciso) de los temores, las inquietudes y los intereses más arraigados en la psique del estadounidense medio, que se enfrentaba a las incertidumbres intrínsecas a los cambios sociales y a la destrucción del sueño americano.




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